Todas as Linguagens (Silvia Castrillón)
- Instituto TAL

- 17 de abr.
- 5 min de leitura
Este texto foi escrito por Silvia Castrillón para o 1º Seminário Internacional TODAS AS LINGUAGENS (Abril, 2026)

El tema que estamos tratando es bastante delicado pues trata acerca de cómo ofrecer a los niños y las niñas los libros y la literatura que les permita construir su identidad, su subjetividad como miembro de grupos o comunidades diversas sin que esto constituya excluirlos de un universo más amplio del que forman parte, al que pertenecen y al que tienen derecho en su condición de seres humanos.
Para la construcción de sí mismo, de su identidad, el ser humano necesita narraciones mediante las cuales pueda crear su propia biografía. La subjetividad se expresa y se constituye mediante relatos y testimonios. Numerosos autores lo manifiestan. La ficción que alimenta la niñez y la adolescencia en la sociedad contemporánea, a través especialmente de la televisión, es una ficción exenta de complejidad, es maniquea, estereotipada y no da cuenta de la diversidad ni puede ser el sustento de una subjetividad con un sentido ético, social y político.
Por otra parte, la identidad de numerosos grupos, comunidades, etnias, razas y género ha sido históricamente vulnerada en la medida en que se impone el relato de quienes han dominado y despojado a otros a lo largo de la historia.
Peter McLaren plantea que:
“es necesario comprender la necesidad humana de dar vida a símbolos, lenguaje y gestos. La voz de los niños es un deseo nacido de la biografía personal y del sedimento de la historia; es la necesidad de construirse y afirmarse dentro de un lenguaje capaz de reconstruir la vida privada e investirla de sentido, de validar y confirmar la propia presencia viva en el mundo”.[1]
La lectura y la escritura, y de manera muy especial las de la literatura, no sólo ofrecen alimento para la construcción de la subjetividad y dan la voz para expresarla, sino que permiten entender que esta construcción no se da de manera aislada, sin acogida responsable del Otro en todas sus diversas manifestaciones.
Quisiera traer acá la definición de cultura de Edward Said: “conjunto de creencias, imaginarios… que se transmiten o se imponen entre generaciones o entre países. La historia del colonialismo y del imperialismo ha sido la historia de una imposición de imaginarios”.[2]
Sin embargo, con Said no podríamos afirmar que nuestro pasado también está conformado con los imaginarios que han sido impuestos y que se ha tejido entre cultura dominantes y dominadas una red de relaciones que hace imposible separar y rechazar lo que viene de “afuera”. Nuestro pasado, entonces, está conformado por lo nuestro y lo foráneo. Mi interés por el tema surgió especialmente desde la desconfianza y la sospecha que nacen de constatar que los mayores abanderados de la causa de la multiculturalidad son quienes históricamente no se han caracterizado especialmente por su tolerancia. Es precisamente en la sociedad norteamericana, la de los Estados Unidos, en donde el tema de la multiculturalidad condujo a los excesos de lo ‘políticamente correcto’, que llevó a censurar a Mark Twain en las bibliotecas públicas por su lenguaje –además de considerarlo apologético del delito– y a La cabaña del Tío Tom de Harriet Beecher Stowe con el pretexto de que podría ser ofensivo para los negros, como si con ello se pudiera ocultar un pasado y un presente, violentos e inhumanos, de atropellos a esta raza, que siguió a las expropiaciones sangrientas a los indígenas y que se actualiza hoy con la guerra al Medio Oriente.
La moda del multiculturalismo y de lo ‘políticamente correcto’ se convirtió dentro de la literatura infantil y juvenil en una forma de promover exclusiones y falsas aceptaciones de la diversidad. Hoy, por ejemplo, se promueve la lectura de los autores chicanos en Estados Unidos, pero solamente en las comunidades hispanoparlantes. Esta moda también es la causa de múltiples censuras.
Hannah Arendt plantea en La condición humana que el mundo no está habitado por El Hombre sino por hombres: “La pluralidad –dice Arendt– es la condición de la acción humana debido a que todos somos lo mismo, es decir, humanos, y por tanto nadie es igual a cualquier otro que haya vivido, viva o vivirá.”[3]
Jorge Larrosa, parte de este planteamiento de Arendt para decir:
“La condición humana de la pluralidad [...] deriva del hecho de que lo que hay son muchos hombres, muchas historias, muchos modos de racionalidad, muchas lenguas y, seguramente, muchos mundos y muchas realidades. Eso es obvio, aunque nunca está de más recordarlo y prevenir, de paso, contra toda esa serie de palabras genéricas y mayúsculas que se nos escapan sin querer, casi constantemente. Y también para desconfiar de todos aquellos que quieren meternos en su realidad con pretensiones de ser la única realidad, en su mundo con pretensiones de ser el único mundo, en su lenguaje con pretensiones de ser el único lenguaje, en su razón con pretensiones de ser la única razón, en su historia con pretensiones de ser la única historia o en su humanidad con pretensiones de ser la única humanidad.”[4]
Me temo que la mayoría de los discursos sobre la tolerancia y la multiculturalidad surgen, no del reconocimiento de la diversidad, sino del deseo de formar al Otro a nuestra imagen y semejanza.
Dos libros que me parece oportuno añadir ahora a esta bibliografía que estoy ofreciendo y tienen algo en común son Identidades asesinas de Amin Maalouf y Contra el fanatismo de Amos Oz. Dice Amos Oz:
“La semilla del fanatismo siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral [...] Creo que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. [...] El fanatismo es una criatura de lo más generosa. El fanatismo es un gran altruista. [...] El fanático está más interesado en el otro que en sí mismo por la sencilla razón de que tiene un sí mismo bastante exiguo o ningún sí mismo en absoluto.” [subrayados míos] [5]
Por otra parte, Renato Ortiz dice “...el mercado, las transnacionales y los mass-media son instancias de legitimación cultural, espacios de definición de normas y de orientación de la conducta”.[6] y por lo tanto de formación de identidades.
Sin embargo, el tema es muy delicado, y exige a quienes trabajamos con los libros y la literatura infantil abrir espacio a una reflexión profunda, pues de ello depende que no simplifiquemos, ni que trabajemos con consignas aparentemente a favor de niños, niñas y adolescentes pero que por el contrario crean exclusiones y les arrebatan la posibilidad de formar parte de la humanidad en toda su dimensión y de apropiarse de sus creaciones, logros, pensamiento, y hacer de todos y todas seres al mismo tiempo diversos y universales.
*Silvia Castrillon é especialista em Políticas Públicas de Leitura, é formada em Biblioteconomia e especializada em Educação. Trabalha na concepção e implementação de projetos e campanhas de fomento ao livro e à leitura em bibliotecas públicas e escolares.
Otro libro citado:
Maalouf, Amin. Identidades asesinas. Madrid: Alianza Editorial.
[1] McLaren, Peter. Pedagogía, identidad y poder. Rosario, Argentina: Homo Sapiens Ediciones, 2003, p. 23.
[2] Said, Edward. la paradoja de la identidad. Barcelona: Bellaterrra, 2000.
[3] Arendt, Hannah. La condición humana. Madrid: Paidós, 1993, p. 22
[4] Larrosa, Jorge y Carlos Skliar. Babilonios somos. En: Habitantes de Babel: políticas y poéticas de la diferencia. Barcelona: Laertes, 2001, p. 26
[5] Oz, Amos. Contra el fanatismo. Madrid: Siruela, 2003. p. 21, 26 y 27.
[6] Ortiz, Renato. Otro territorio. Bogotá: Convenio Andrés Bello, 1998, p. 63

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