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CONFERENCIA FLIP

Foto do escritor: Instituto TAL
Instituto TAL
25 de ago.
14 min de leitura

por Silvia Castrillón - Julho 2026


Voy a hablar de la biblioteca pública como espacio para la reflexión, el debate, el pensamiento crítico, la toma de conciencia, el conocimiento en todas sus dimensiones incluido el conocimiento de nosotros mismos, del otro y de la realidad; en fin para combatir la ignorancia entendida no sólo como la falta de información y de conocimientos científicos y técnicos, sino especialmente la que impera en estos tiempos, la cual, a mi modo de ver, es la principal razón para que predomine un pensamiento contrario a lo que requiere ahora la humanidad y el planeta para sobrevivir.


Para hablar de una biblioteca con estas condiciones, es decir, en donde sea posible combinar la reflexión filosófica y literaria y el carácter educador, no en el sentido escolar, sino como espacio para la educación de la sociedad que vaya más allá de una instrucción en normas ciudadanas, quiero presentar la reflexión de tres pensadores colombianos, —injustamente olvidados o poco conocidos fuera de sus fronteras—: Nicolás Buenaventura Alder, Estanislao Zuleta y Didier Álvarez Zapata. El primero, educador de adultos, quien para mí es el Freire colombiano; el segundo, filósofo y educador, que supo combinar el pensamiento filosófico con el arte y especialmente con la literatura y, el tercero, maestro de bibliotecarios, defensor del carácter público de la biblioteca, cuya reflexión permite entender mejor la biblioteca en una dimensión que va más allá de lo pragmático, de una biblioteca para la vida.  

A estos tres pensadores colombianos deseo agregar otros brasileños que nos han acompañado en esta larga reflexión acerca del quehacer ético y político con sus reflexiones literarias y filosóficas. Sólo voy a mencionar unos pocos, pues la lista es muy larga. Por supuesto, en los primeros lugares para el tema que quiero trabajar estarían Freire y Antonio Candido. Sin embargo, teniendo en cuenta el amplio conocimiento de estos autores en Brasil, aquí sólo me cabe mencionarlos. Voy a referirme de manera un poco más amplia, aunque de todas maneras no exhaustiva, a Nilma Lacerda y a Percival Leme Britto, quienes además nos han acompañado de manera personal en los últimos años en esta discusión y, a su vez nos han presentado a otros pensadores fundamentales en esta reflexión.

Y, parafraseando a García Márquez quien alguna vez dijo que un curso de literatura no debería ser mucho más que una buena guía de lecturas, pienso que una conferencia también debería serlo.
Es decir, lo que voy a plantear a continuación es ante todo una invitación a leer a estos pensadores colombianos y brasileños que, en mi opinión ofrecen un excelente material teórico que permitiría enriquecer y dar mayor sentido a la acción de la biblioteca. Una acción más reflexiva y con objetivos que vayan más allá de un simple ofrecimiento de lectura con valores instrumental y recreativo.

En primer lugar, me referiré a Estanislao Zuleta quien dice: “Tomar en serio la vida, el arte y el pensamiento es ya una manera de oponerse a la tendencia dominante de nuestra civilización”, exigencia fundamental que se hizo a sí mismo y que propuso a los demás según el profesor Luis Antonio Restrepo, quien añade que: …”siempre denunció al lector turista que pasa por los libros sin dejarse afectar por ellos y presentó en cambio el modelo de lector viajero, que toma la lectura como aventura, es decir, como riesgo. […] Sólo hay lectura productiva cuando nos cuestiona, cuando nos transforma.” (Restrepo, L.A. En: Zuleta, Ensayos selectos, Medellín, Ediciones Autores Antioqueños, 1992).

Zuleta combinó de manera magistral el estudio del arte y la filosofía, siempre desde una postura crítica de la educación, planteaba una educación para la democracia. Recomiendo sus estudios sobre El Quijote, Thomas Mann, Shakespeare, Sartre, Goethe, Kafka y Musil, entre otros.

Con estas palabras quiero hacer un modesto homenaje a un gran conversador. A alguien que hizo de su vida su obra y que a lo largo de ella su mejor práctica fue la de conversar, con el convencimiento, creo yo, de que lo más importante para él era la amistad y el compartir con sus amigos y alumnos lo que fue el centro de su existencia: el pensar y el reflexionar sobre los más importantes temas que han preocupado a la humanidad a lo largo de los siglos, a partir de los grandes textos de la literatura y de la filosofía. Estanislao Zuleta fue un maestro de la palabra, de la palabra oral. A pesar de que escribió poco, aunque escribió textos magistrales que deberían tener mayor divulgación, como El elogio de la dificultad, su legado fue reconstruido a partir de las grabaciones de sus clases y de sus conversaciones. Claro que es justo decir que no había mucha distancia entre su expresión oral y la escrita. Podríamos decir de Zuleta que es uno de los más importantes filósofos colombianos.

Zuleta citaba con frecuencia a Kant, filósofo que consideraba la conversación como la mayor de las artes porque, además, según palabras de William Ospina en el prólogo que hace del libro Conversaciones con Estanislao Zuleta, “en nada creyó tanto Estanislao Zuleta como en la conversación y el dialogo […]. Para él la filosofía era conversación […] y la lectura era apenas un ejercicio de preparación para la gran fiesta del diálogo […], el placer de compartir con otros las iluminaciones del pensamiento”. Impregnar la existencia humana, repito, debería ser la intención que, a mi juicio, impulse la lectura y la conversación.

Alrededor de su trabajo se creó en la ciudad de Medellín una Fundación que promovió su pensamiento y creó círculos de lectura no solo de su obra que no se limitó a los estudios sobre grandes escritores, sino también sobre la relación del arte y la literatura, estudios filosóficos, (Nietzsche y Heidegger, por ejemplo), psicoanálisis, política, indagaciones sobre el poder, derechos humanos educación y democracia, como campos de combate, entre otros. A partir del trabajo de estos grupos se transformaron en muchas bibliotecas públicas las prácticas de promoción de lectura, alimentándolas con las conversaciones y la discusión teóricas que las llevan a otro nivel.
Todos sus estudios fueron publicados en más de 30 libros.  

Recomiendo muy especialmente El elogio de la dificultad, un pequeño ensayo disponible en Internet: https://www.utadeo.edu.co/files/collections/documents/field_attached_file/elogio_zuleta.pdf
Nicolás Buenaventura Alder fue un maestro de la palabra, oral y escrita. Por su sabiduría y compromiso podría compararse con Paulo Freire, fue maestro de maestros. Educador de adultos especialmente de adultos tradicionalmente excluidos de la cultura escrita, trabajadores urbanos y agrarios. Su compromiso personal y humano con la lectura lo llevó a hacer de ella un instrumento para “la lectura del mundo”, como diría Freire. Podría decirse que su trabajo fue el de la alfabetización de adultos, mediante una acción educativa, cultural y política. Su producción escrita profundiza en temas como la escuela, los derechos humanos, la historia del libro. En un texto, El tambor y el humo, parte de esta imagen metafórica para mostrar el libro como combinación de la voz y la imagen. En él habla sobre los más grandes círculos de lectura que ha habido en la humanidad alrededor de tres grandes libros: La Biblia o el Círculo de Lutero; el Círculo de Rousseau, es decir, el de los derechos humanos, tema definitivo en su obra pedagógica y el Círculo de Marx, el de la lectura de El Capital, círculo basado en la tesis de Marx según la cual, “si los filósofos se han dedicado siempre a explicar el mundo, de ahora en adelante les corresponde [nótese bien, a los filósofos] transformarlo”.

Aunque su trabajo fundamental esta orientado a los adultos, muchas de sus obras giran alrededor de la escuela, especialmente como escuela democrática, formadora de los derechos humanos. En un texto titulado La maestra, plantea mediante una correspondencia con una maestra rural de una localidad en guerra del territorio colombiano, un proyecto sobre los derechos humanos en el cual se involucra toda la comunidad de la escuela y del municipio. En este proyecto los derechos de la naturaleza son también parte esencial de los derechos humanos.
En alguna de sus obras presenta una lúcida anticipación de las posibilidades que podrían ofrecer los medios digitales y la tecnología para una apropiación de la escritura más amplia y democrática. Posibilidades que la explotación actual nos permite poner en duda. Hay que anotar que sus textos fueron escritos en la década de los 90, cuando apenas se iniciaba la revolución digital.

A continuación deseo referirme a dos brasileños que han contribuido de manera fundamental a la reflexión acerca de la lectura y de la literatura.

Les recuerdo que mi intención no es el promover nombres ni obras como objetos del mercado –y en esto no es exagerada cualquier reiteración–, sino presentarlos como aliados de un trabajo de reflexión que debe acompañar toda la acción de la biblioteca.

También recuerdo que la selección de estos dos nombres puede parecer arbitraria, pues dejo por fuera muchos referentes importantes, sólo la hago a partir de mi trabajo reciente en el campo de la edición y de la promoción de políticas públicas de lectura y del derecho a leer y a escribir que ha estado estrechamente relacionado con los dos.
En primer lugar, quiero mencionar a Nilma Lacerda, escritora, académica, investigadora de la literatura, maestra de maestros y con un estrecho contacto con la escuela y la biblioteca, nos ofrece textos que plantean profundas reflexiones acerca de la literatura y su creación, el público infantil y juvenil y la educación y la mediación.
Uno de ellos, Las Cartas del San Francisco se presenta como una conversación con el poeta austríaco Rainer Maria Rilke, en él dirige cartas a un supuesto autor en las que plantea temas trascendentales asociados a la creación literaria, en un recorrido por el Rio São Francisco que un grupo de autores y artistas realiza y en donde a lo largo del cual son recibidos con alborozo por las comunidades ribereñas. Uno de los temas que plantea Nilma, que también es abordado por Rilke en sus Cartas a un joven poeta es el de que la creación no obedece a un impulso asociado con el placer de escribir, sino que nace de una necesidad. Dice Rilke: “Una obra de arte es buena cuando brota de la necesidad” . A su vez Nilma plantea: “Un creador solamente hace aquello de lo cual tiene absoluta necesidad y lo hace con atención máxima a lo que nace dentro de sí y se le impone sobre todo lo que observa alrededor. La consciencia de contar nada más que con su memoria y su sensibilidad nutre al escritor en la tarea de dar a conocer los vulnerables predicados del ser humano.”

Otro tema de fundamental importancia para los agentes de la cadena del ecosistema del libro que va del autor al lector y que pasa por editores y responsables de la mediación con los lectores y la circulación del libro tanto pública como privada, es el de un género injustamente considerado menor, la literatura infantil y juvenil. Al respecto Nilma plantea que el niño no es un adulto en miniatura y que no se le puede negar la posibilidad de tramitar mediante la lectura de la literatura temas difíciles como la muerte, el abandono, los celos, en fin, temas que trata la literatura de adultos y que no se pueden negar a los niños ya que ellos los enfrentan de diversas maneras en su vida cotidiana. Y, algo esencial, tratarlos no como consignas ni tratados de autoayuda, sino mediante una literatura que es ante todo arte que es lo que permite ponerse en el lugar del Otro, tomar distancia, mirar con ojos ajenos.
No se puede olvidar al hablar de Nilma su posición y compromiso frente al tema de las mujeres, despojadas a menudo de sus derechos, sobre todo del derecho a leer y a escribir.

Finalmente, no quiero dejar por fuera algunas de sus propuestas de lectura. Imposible citarlos a todos, sólo cito dos autores de una larga bibliografía que también ha alimentado nuestra reflexión, especialmente sobre el tema de la literatura: Antoine Compagnon: ¿Para qué sirve la literatura? Y Tzvetan Todorov: La literatura en peligro.
Otro escritor brasileño con quien hemos tenido una estrecha relación y que ha acompañado la reflexión acerca de la biblioteca es Luiz Percival Leme Britto. Recuerden que mis palabras están encaminadas a proponer una reflexión al interior de las bibliotecas, reflexión que debe ser adelantada por todos, encargados de las tareas y el público lector y esta reflexión comienza con el cuestionamiento de implícitos y dogmas acerca de la promoción de la lectura y sobre los porqués y los paraqués de la obra literaria, sobre los objetivos de las políticas educativas y culturales con que se diseñan los programas de las bibliotecas, sobre cómo la literatura se asocia actualmente con el uso del tiempo libre, y la formación de la ciudadanía como algo a lo que se debe la biblioteca y otros supuestos que orientan los programas acciones que se adelantan en las bibliotecas. Estos supuestos parten de inseguridades acerca del valor de la lectura como posibilidad transformadora por lo cual se la asocia al consumo y a la recreación pensando que es la forma de ganar lectores.

Cito algunas de las palabras de Percival: cuando habla de las políticas en educación dice que “amoldan a las masas y a las personas a un orden de funcionamiento del sistema”  y más adelante plantea que: “El arte, a su turno, se vincula al tiempo libre, que se interpreta en el orden de la sociedad totalitaria como el momento en que las personas se desatienden de las obligaciones del trabajo y de la responsabilidad social y pueden ocuparse en el no-pensar y olvidar las amarguras de la vida.”

Dos de sus textos cuestionan de manera muy lúcida todos los supuestos que se manejan desde las políticas y prácticas escolares y culturales, lo cual incluye la biblioteca: Mitificación de la lectura por la experiencia de leer y Máximas impertinentes. Y con frecuencia afirma que “…la lectura, no importa si literaria o de otra naturaleza, será siempre un acto de posicionamiento político ante el mundo.” Y la biblioteca no puede ser ajena a esta condición. A este respecto nos recuerda a Freire y a Buenaventura.

Para pasar de manera más directa al tema de la Biblioteca, me valdré de los planteamientos de Didier Álvarez en su tratado: Estudio bibliotecarios, tópicos y problemas, obra aún no publicada y que en mi opinión presenta una de las mejores reflexiones sobre la biblioteca pública, obra dirigida a quienes tienen a su cargo la enseñanza sobre la misma en los estudios bibliotecológicos.

En palabras suyas:
“…con este texto no quiero otra cosa que aportar a la esperanzada acción de seguir construyendo un mundo para todos, legítimamente para todos, con el horizonte de una vida buena para todos. Por eso afirmo que la Biblioteca debe seguir siendo una institución de la vida y para la vida. […] Digo que es urgente la construcción tanto de su idea (concepción y proyección) como de su práctica.”
Para ello Didier invita a un serio ejercicio filosófico, pues según él es la filosofía la que nos da las herramientas para la reflexión acerca de la biblioteca, pues es la que nos ayuda a plantear las preguntas que van más allá de la concepción instruccional, utilitarista y asociada al consumo, que impera actualmente. 
Por otra parte, considera que la biblioteca, como el libro, no está en vías de extinción, sino que, por el contrario, es ahora más necesaria que nunca si pensamos que son necesarias acciones serias y de largo plazo, para contribuir a superar la ignorancia que en estos momentos es la responsable del rumbo que está tomando la humanidad hacia su propia destrucción y la del planeta.

Didier plantea que “este pretender filosofar la Biblioteca […] pregunta por su existencia; su ética desde la pregunta por su sentido y proyecto en la vida humana; su axiología, sondeando sus valores, sus supuestos de acción; a su gnoseología [conocimiento humano en general] (no apenas una epistemología, o conocimiento científico) que explore su relación con el conocimiento y los saberes; a su pragmática, en términos de la indagación del significado de sus prácticas y sus realizaciones en la acción social; a su pedagogía, en tanto organismo social que socializa y educa a las personas; y a su política, en el sentido de reflexión sobre su relación y su lugar en el poder, su uso e instrumentalización en los ejercicios de poder, su condición de institución/agencia.”
“Así pues, en crítica, al extendido activismo bibliotecario debo afirmar que persisten importantes preguntas sobre los sentidos, los lugares, los papeles, las temporalidades, las materialidades y las responsabilidades de la Biblioteca en la sociedad. Pero ante esta necesidad de comprensión, señalo la existencia de otro significativo obstáculo: las formas en que los discursos, así como las prácticas del orden técnico tecnológico, llegan a esta y la modelan como idea y práctica.”

Didier plantea que son cuatro los ejes que construyen la biblioteca: la información, el conocimiento, la memoria y el lenguaje. Siendo la información la que le otorga identidad y la diferencian de otras instituciones, pero esta información no es apenas un instrumento para acceder a datos, sino que dialoga con el lenguaje, la memoria y el conocimiento. Y por lo tanto no es apenas de orden pragmático, sino que tiene dimensiones históricas, sociales, éticas, científicas, políticas y culturales.

En la actualidad la biblioteca se justifica como una institución que contribuye al cumplimiento de la “sociedad de la información”[1] y a la “sociedad del espectáculo, en su condición, ambas, de mercancías. Es decir, con una concepción instrumental como herramienta para el acceso a la información especialmente mediante las llamadas “nuevas tecnologías” o a la recreación y al entrenamiento y no como una institución formadora, educadora, con compromisos éticos y políticos para el mejoramiento de la humanidad, es decir como una biblioteca para la vida.
Para finalizar sólo quiero referirme de manera muy corta de qué hablo cuando hablo de la responsabilidad en relación con la memoria, el conocimiento y el lenguaje.

1.      La memoria: Si bien los museos históricos son instituciones para la memoria, la biblioteca posee una condición que va más allá de ser una galería o una colección de obras, la responsabilidad con la memoria, especialmente con la memoria colectiva, tiene que ver en cómo almacena y pone a disposición los documentos que dan diversas miradas a la historia, la verdad y la justicia y cómo proporciona espacios para la apropiación de ésta por parte de las personas mediante grupos de estudio, de diálogo, de cuestionamiento a la usurpación de la historia por parte de grupos dominantes, muchas veces secundados por la escuela y los textos escolares.

2.      Igualmente, cuando se hablaba de conocimiento no se está hablando de datos y de información científica y técnica, el conociendo también se refiere al conocimiento de sí mismo, de la sociedad, del otro, de la realidad.
3.     En cuanto al lenguaje, deseo referirme especialmente a la lectura de la literatura, que de ninguna manera puede asociarse a una lectura para el tiempo libre y la recreación, a la llamada “animación a la lectura” que no es otra que una distracción del verdadero sentido que tiene la lectura de la literatura e incluyo aquí también el ensayo, la filosofía y otros materiales teóricos.

Por todo lo anterior propongo estos autores y textos de los que he venido y hablando a los que me gustaría agregar, entre otros, a los autores de antologías y colecciones que se han creado para estos fines y que poseen textos que de verdad nos permiten transformar las prácticas de las bibliotecas. Me refiero, entre otros, a textos que se derivan de los Cursos da Casa da Leitura de la BN y a las Antologías de la Biblioteca Nacional de Colombia. Los primeros reúnen autores, investigadores, lectores brasileños y los segundos son ensayos de diversos estudiosos especialmente latinoamericanos.

Finalmente quiero llamar la atención acerca de la necesidad de que las personas que se ocupan de la biblioteca en sus diversos niveles requieren un conocimiento acerca de lo que se ha venido llamando el “ecosistema” del libro y sobre la condición de libro como objeto cultural y patrimonial, más allá de su condición de mercancía. El conocimiento que la biblioteca tenga puede contribuir a un mejoramiento de este ecosistema, es decir a un reconocimiento de todos los agentes que van de la creación, pasan por la publicación o edición y su circulación por las vías comerciales y públicas (entre estas últimas la misma biblioteca lo es), lo cual incide en la bibliodiversidad, es decir, es preciso saber que dentro de este sistema existen diversas formas de crear, publicar y poner en circulación el libro. Y hablo del libro en sus diversos soportes y formatos. Pero este es otro tema.

También es tema aparte el papel de las bibliotecas comunitarias, las cuales a mi juicio, superan muchos de los problemas que acá se han tratado.
 
Autores de los cursos de la Casa de lectura a citar sobre el tema que nos ocupa:
Márcia Cabral, 1,  (buena bibliografía)
Luiz Antonio Silva, n. 1, (grupos populares de lectura en voz alta, lectura de teoría)
Márcia Abreu, 2, (lectura de literatura)
Sonia Cramer, 2. (citar),  2, p. 37
Edwiges Zaccur, 2, p. 45
Cecília Maria Goulartp, p. 53
Lucília Helena do Carmo Garcez, p. 65, excelente

[1] “Hace ya bastante, por cierto, que Bernat López[1] denunció la idea de sociedad de la información como un “slogan afortunado” que, nacido en Europa, se propagó a otros lugares del mundo como gran relato de normalización y disciplinamiento en torno a una nueva fuente de producción de riqueza: la información hecha mercancía, lo que trajo nuevas exclusiones y nuevos subdesarrollos, incluido el perfilamiento de la Biblioteca a un trivial artefacto informacional.” Álvarez Zapata, Didier 

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